La psicología del amor

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Perder la calma y enfadarse con la persona a quien se ama puede resultar más benéfico de lo que parece

Carlos ha estado flirteando abiertamente con una desconocida en la fiesta que dieron unos amigos, al punto que durante unas horas incluso me ignoró ¡por completo!. ¡Marta saca a relucir mis defectos cuando estamos en casa de sus padres y a veces me humilla sin darse cuenta.

De esas peleas indeseables

Estos son sólo algunos de los testimonios de algunas situaciones que la mayoría de las veces producen tensión y conflictos en la pareja, y que conducen con frecuencia al enfado, tanto de quien se siente afectado como del autor de la pelea, que reacciona al sentirse atacado. Situaciones que son la semilla de peleas, discusiones y resentimientos más o menos duraderos.

Los enfados, si son intensos y habituales, suelen tener efectos y repercusiones negativas en la marcha de las relaciones amorosas, pero ¿pueden llegar a tener algún impacto benéfico?

Algunos expertos creen que sí, que los enojos pueden ser positivos, siempre y cuando sean breves, se resuelvan adecuadamente, impulsen a actuar y a resolver aquellos problemas que impiden sentirse bien a la pareja.

"En ocasiones el enfado incluso puede ser un estimulante del deseo, cuando antecede a una reconciliación esperada y pone fin al sufrimiento emocional", señalan el psicólogo clínico Miguel Costa y el médico en experto en medicina familiar Ernesto López, autores del libro Cómo vencer la pereza sexual.

No obstante, si el enfado se hace crónico y se convierte en resentimiento y en franca hostilidad, puede tornarse en un poderoso anestésico de la vida en pareja y del deseo e interés sexual.

Estar enfadado es fácil. Lo difícil es saber expresarlo. Algunas personas tratan de contener, inhibir y guardar a toda costa el enfado que le producen ciertos comportamientos indebidos de su pareja o, sencillamente, las contrariedades que surgen de la convivencia.

Cuando repetidamente se reprimen estos pequeños enfados y no se expresan, la irritación y el resentimiento comienzan a desarrollarse de forma constante y la persona se ve obligada a desarrollar un sobreesfuerzo para frenar el torrente emocional de su cólera contenida, para impedir que se desborde.

De esa manera, aparte del estrés adicional y los inconvenientes que ello conlleva, esta represión termina por deteriorar igualmente las relaciones amorosas, según opinan Costa y López.

Lo bueno de enfadarse

Hay que darse permiso para enojarse, porque "ocultar nuestras emociones negativas, por indeseables que nos parezcan, resulta una tarea inútil, sencillamente porque los seres humanos estamos programados para reaccionar de esta manera ante las situaciones que nos molestan". "Amar y respetar a las personas con las que convivimos no está reñido con sentir estas emociones en determinados momentos y ante determinadas situaciones", señalan estos psicólogos.

"Expresar nuestro enfado de una manera directa y sin ofender es un modo también de comenzar a controlarlo e impedir que progrese hacia el resentimiento. Expresarlo comenzando por la palabra yo ayuda a hacerlo compatible con nuestros objetivos de desarrollo de la convivencia y la vida sexual. Hay que hacerlo en primera persona y expresando cómo nos afecta", sugieren.

Asimismo y para que el enfado sea menos conflictivo y más benéfico, según la pareja de psicólogos formada por Miguel Costa y Ernesto López, se aconseja sugerir cambios, "de manera concreta y específica y evitando las generalizaciones, los siempre y los nunca", señalan los expertos.

"Comenzar a describir una situación con la palabra cuando puede ayudar a evitar generalizaciones, mientras que expresar los cambios como deseos, sugerencias y necesidades, en vez de cómo órdenes o imposiciones, también ayuda a que el enfado pueda tener repercusiones provechosas", según los expertos.

Un ejemplo: Me siento mal cuando estamos en una fiesta con amigos y sacas a colación delante de ellos mis defectos. Me gustaría que o bien no hicieras esos comentarios o bien hicieras comentarios positivos. Todo es cuestión de proponérselo y probar.

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